Blog

Cómo ajustar muletas correctamente y caminar seguro

Cómo ajustar muletas correctamente y caminar seguro

Unas muletas mal reguladas pueden convertir un trayecto corto hasta el baño o la cocina en una experiencia dolorosa e insegura. Saber cómo ajustar muletas correctamente ayuda a repartir el peso donde corresponde, proteger hombros y muñecas y mantener una marcha más estable durante la recuperación.

No basta con elegir una muleta resistente o del tipo adecuado. La altura del apoyo de la mano, la posición de los puños y el estado de las conteras influyen directamente en la seguridad. Antes de utilizarlas, conviene hacer el ajuste con calma, usando el calzado habitual y siguiendo siempre las indicaciones del médico o fisioterapeuta sobre cuánto peso puede apoyarse en la pierna afectada.

Cómo ajustar muletas correctamente paso a paso

El ajuste debe hacerse de pie, sobre una superficie firme y con ambos pies apoyados. Si la persona no puede mantenerse estable sin ayuda, un familiar o cuidador debe acompañar el proceso. Las muletas deben quedar a cada lado del cuerpo, sin obligar a encoger los hombros ni a inclinarse hacia delante.

1. Ajusta la altura general de la muleta

En las muletas axilares, la parte superior debe quedar aproximadamente a dos o tres dedos de distancia de la axila. Nunca debe tocar ni presionar directamente esa zona. Si queda demasiado alta, puede comprimir nervios y vasos sanguíneos; si queda demasiado baja, la persona tendrá que inclinarse y cargar tensión innecesaria en espalda y hombros.

La punta de cada muleta debe colocarse ligeramente por delante y hacia fuera de los pies, formando una base amplia pero natural. Como referencia, las conteras suelen quedar unos 10 o 15 centímetros a los lados de cada pie. Esta posición facilita el equilibrio y evita que las muletas tropiecen entre sí al caminar.

En las muletas de antebrazo, también conocidas como bastones ingleses, no existe apoyo axilar. La altura correcta se determina principalmente por la empuñadura y el ángulo del codo. El borde superior del brazalete debe quedar unos centímetros por debajo del codo, de modo que permita mover el brazo sin rozaduras ni sensación de apriete.

2. Regula la empuñadura a la altura de la muñeca

Con los brazos relajados a ambos lados del cuerpo, la empuñadura debe quedar aproximadamente a la altura del pliegue de la muñeca. Al sujetarla, el codo debe flexionarse ligeramente, por lo general entre 20 y 30 grados. Esa pequeña flexión permite absorber parte del impacto y empujar con seguridad al avanzar.

Una empuñadura demasiado baja obliga a doblar demasiado el tronco y aumenta la tensión en la zona lumbar. Si queda muy alta, los hombros se elevan y las muñecas soportan un ángulo incómodo. El objetivo es que las manos sujeten los puños sin que la persona tenga que estirarse, encogerse o levantar los hombros.

Después de regular ambas muletas, comprueba que los pasadores o botones de ajuste estén completamente encajados en los orificios. Los dos lados deben quedar a la misma altura, salvo que un profesional haya indicado una configuración diferente por una necesidad concreta.

3. Haz una prueba antes de caminar

Antes de recorrer una distancia larga, conviene dar unos pasos en casa o en un espacio despejado. La postura correcta mantiene la espalda relativamente erguida, la mirada al frente y los hombros relajados. El peso se transmite a través de las manos y los puños, no a través de las axilas en el caso de las muletas axilares.

Si aparecen hormigueo en las manos, dolor intenso en hombros, roce bajo las axilas, dolor de cuello o una sensación continua de desequilibrio, hay que detenerse y revisar la regulación. A veces basta con subir o bajar un nivel la empuñadura, pero el dolor persistente debe valorarlo un profesional de rehabilitación.

El ajuste depende del tipo de muleta y de la lesión

Las muletas axilares suelen utilizarse en recuperaciones temporales, especialmente cuando la persona necesita descargar de forma significativa una pierna. Ofrecen una base de apoyo amplia, aunque requieren especial cuidado para no descansar el peso sobre las axilas. El empuje debe realizarse con las palmas y los brazos.

Las muletas de antebrazo son más ligeras y pueden resultar prácticas para usuarios con mayor autonomía o para necesidades prolongadas. Exigen algo más de control del equilibrio, pero permiten una marcha más ágil en algunas personas. En ambos casos, el ajuste de la altura de la mano sigue siendo el punto clave.

También cambia la forma de caminar según la prescripción clínica. Si se ha indicado no apoyar nada de peso sobre una pierna, las dos muletas avanzan primero junto con la pierna lesionada, y después se adelanta la pierna sana. Si se permite apoyo parcial, la técnica puede variar. No conviene decidir por cuenta propia cuánto peso cargar: una recuperación ósea, muscular o tras una cirugía puede tener límites muy distintos.

Caminar y subir escaleras con mayor seguridad

Una muleta bien ajustada mejora la postura, pero la técnica y el entorno son igual de relevantes. Al caminar, los pasos deben ser cortos y controlados. Evita avanzar las muletas demasiado lejos, porque eso reduce la estabilidad y obliga a hacer un esfuerzo mayor para recuperar el equilibrio.

En escaleras, la regla habitual es sencilla: para subir, primero avanza la pierna sana; para bajar, primero bajan las muletas y la pierna afectada. La pierna sana actúa como apoyo principal al subir. Siempre que haya pasamanos, úsalo con una mano y lleva las dos muletas juntas en la otra si puedes hacerlo de forma segura y si un profesional te ha enseñado esta maniobra.

No todas las escaleras son adecuadas para una persona con movilidad reducida. Si hay escalones estrechos, suelo mojado, poca luz o ausencia de pasamanos, es preferible buscar ayuda o una ruta alternativa. La prisa es uno de los mayores riesgos al usar muletas.

Errores frecuentes que conviene evitar

Hay ajustes que parecen pequeños, pero tienen consecuencias claras durante el uso diario:

  • Apoyar las axilas sobre la parte superior de las muletas en lugar de cargar el peso en las manos.
  • Usar una muleta más alta que la otra o con los pasadores mal fijados.
  • Caminar con conteras gastadas, lisas, agrietadas o sucias.
  • Utilizar las muletas descalzo o con un calzado distinto al que se llevaba al ajustar la altura.
  • Circular sobre alfombras sueltas, cables, suelos húmedos o zonas con objetos en el paso.

Las conteras de goma merecen una revisión frecuente. Son el punto de contacto con el suelo y, cuando pierden relieve o elasticidad, disminuye el agarre. Sustituir una contera desgastada es una medida sencilla que puede prevenir una caída.

Revisa el equipo durante toda la recuperación

El ajuste inicial no siempre sirve para todo el proceso. Puede ser necesario revisarlo si cambia el tipo de calzado, si se reduce la inflamación, si mejora la fuerza o si el médico modifica el nivel de apoyo permitido. También hay que comprobar periódicamente los tornillos, los puños, el estado de la estructura y los sistemas de regulación.

Para pacientes, familiares y cuidadores, contar con orientación al elegir una muleta evita compras inadecuadas y molestias posteriores. EQUIMEDSV ofrece soluciones de movilidad y atención especializada para encontrar equipos, accesorios y repuestos acordes con cada necesidad de recuperación y cuidado en casa.

Una muleta bien ajustada no sustituye la rehabilitación ni las indicaciones clínicas, pero sí puede hacer que cada desplazamiento sea más seguro. Si al usarla hay dolor, inseguridad o dificultad para mantener una postura natural, conviene revisarla antes de seguir avanzando.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *