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Cómo elegir muletas adecuadas sin equivocarse

Cómo elegir muletas adecuadas sin equivocarse

Una muleta demasiado alta puede cargar el peso sobre la axila y provocar dolor; una demasiado baja obliga a inclinar el cuerpo y aumenta el riesgo de perder el equilibrio. Por eso, saber cómo elegir muletas adecuadas no consiste solo en escoger un modelo disponible: implica ajustar el apoyo a la lesión, a la estatura de la persona y al entorno donde se recuperará.

Las muletas son una ayuda temporal en muchas recuperaciones, pero también pueden formar parte del día a día de personas con movilidad reducida. Una elección acertada facilita los desplazamientos, reduce la presión sobre la pierna lesionada y da más autonomía en casa, en el trabajo o durante las citas médicas.

Antes de comprar: confirme qué nivel de apoyo necesita

La primera pregunta no es qué color o material prefiere, sino cuánto peso puede apoyar sobre la pierna afectada. Esta indicación debe venir del traumatólogo, fisioterapeuta o profesional sanitario que sigue la recuperación. No es lo mismo una lesión que permite apoyar parcialmente que una fractura, una cirugía reciente o una condición neurológica que exige evitar por completo la carga.

Cuando el uso será de pocos días y la persona conserva buen equilibrio y fuerza en brazos, unas muletas de antebrazo o axilares bien reguladas pueden ser suficientes. Si la recuperación será más prolongada, hay dolor intenso, debilidad en manos u hombros, o la persona tiene dificultad para coordinar el paso, conviene valorar otras ayudas de movilidad, como una andadera o una silla de ruedas para trayectos largos.

También importa quién utilizará el equipo. Un adulto joven con buena condición física puede adaptarse con rapidez a unas muletas de antebrazo. Para una persona mayor, con artritis, problemas de equilibrio o poca fuerza en las manos, el modelo más ligero no siempre es el más seguro. En estos casos, la estabilidad y el tipo de empuñadura suelen pesar más que la apariencia.

Cómo elegir muletas adecuadas según el tipo

No todas las muletas distribuyen el peso de la misma forma. Conocer las diferencias evita comprar un equipo que resulte incómodo desde el primer día.

Muletas axilares

Son las más conocidas y se apoyan bajo las axilas, con una empuñadura a la altura de la mano. Suelen ser una alternativa práctica para recuperaciones temporales por esguinces, fracturas o postoperatorios, especialmente si se necesita descargar una pierna por completo.

Sin embargo, la parte superior no debe soportar el peso del cuerpo. La presión debe recaer en las manos, no en las axilas, ya que una compresión constante puede causar molestias, irritación o afectar nervios y vasos sanguíneos. Debe quedar una separación aproximada de dos a tres dedos entre la almohadilla y la axila al estar de pie.

Muletas de antebrazo o canadienses

Incorporan un brazalete que rodea parcialmente el antebrazo y una empuñadura. Son más compactas y permiten mayor libertad de movimiento que las axilares. Se usan con frecuencia en personas que necesitan apoyo durante más tiempo o que requieren subir y bajar escaleras con mayor agilidad.

Exigen buena coordinación y fuerza en brazos, muñecas y manos. Bien ajustadas, son cómodas para caminar por interiores, hacer trayectos cortos y mantener las manos relativamente libres al soltar la empuñadura. Aun así, no son la opción ideal para toda persona con debilidad o inestabilidad marcada.

Muletas infantiles y modelos especiales

Los niños necesitan equipos ajustados a su tamaño y a su peso. Adaptar unas muletas de adulto al mínimo no garantiza un uso seguro si la empuñadura, la distancia entre apoyos o el brazalete no quedan en la posición correcta.

Existen también modelos con base más amplia, empuñaduras anatómicas o diseños pensados para condiciones específicas. Pueden ser útiles, pero no sustituyen una recomendación profesional cuando la lesión es compleja o el uso será continuado.

La medida correcta marca la diferencia

Una muleta regulable permite adaptar la altura con precisión y acompañar cambios de calzado o necesidades distintas durante la recuperación. Aun así, debe comprobarse el ajuste antes de usarla fuera de casa.

Con muletas axilares, la persona debe ponerse de pie con calzado habitual y mantener los hombros relajados. La parte superior debe quedar unos centímetros por debajo de la axila. Después, la empuñadura se regula para que el codo quede ligeramente flexionado, aproximadamente entre 15 y 30 grados, cuando la mano descansa sobre ella.

En las muletas de antebrazo, la empuñadura debe situarse también a una altura que permita una ligera flexión del codo. El brazalete ha de quedar firme sin apretar ni rozar el antebrazo. Si la persona encoge los hombros, se inclina hacia delante o siente que debe estirar el brazo por completo para alcanzar el suelo, el equipo necesita reajuste.

No se recomienda calcular la altura únicamente desde una fotografía o según la estatura general. La longitud de brazos, el tipo de calzado y la postura cambian el resultado. La mejor prueba es realizar unos pasos sobre una superficie estable, idealmente con supervisión al principio.

Materiales, empuñaduras y conteras: detalles que dan seguridad

El aluminio es habitual por ser resistente y ligero. Para la mayoría de usuarios, unas muletas de aluminio regulables ofrecen un buen equilibrio entre manejo, durabilidad y facilidad de transporte. El material debe sentirse sólido, sin holguras, ruidos o mecanismos de ajuste difíciles de bloquear.

La empuñadura merece atención especial. Una superficie demasiado dura puede causar dolor en la palma tras varios minutos de uso; una excesivamente blanda puede dar sensación de poca firmeza. Las empuñaduras ergonómicas o acolchadas pueden mejorar el confort, sobre todo si la recuperación exige utilizarlas muchas horas al día. Para personas con artritis o sensibilidad en las manos, este punto es determinante.

Las conteras de goma, situadas en la base, son un elemento de seguridad esencial. Deben tener buen relieve, contacto completo con el suelo y no estar agrietadas ni gastadas. Una contera lisa puede resbalar en baldosas, pavimentos mojados o rampas. Si está desgastada, debe sustituirse antes de que falle, no cuando ya ha provocado un susto.

Antes de elegir, revise además la capacidad de carga indicada por el fabricante. El equipo debe ser adecuado para el peso del usuario y usarse dentro de las condiciones previstas. Forzar unas muletas con una carga superior o emplearlas en terrenos muy irregulares puede comprometer su estabilidad.

Piense en el uso real dentro y fuera de casa

La recuperación no ocurre en un pasillo vacío. Hay alfombras, baños con suelo húmedo, bordillos, escaleras, transporte público y espacios estrechos. Si la persona vive en una vivienda con desniveles o necesita desplazarse con frecuencia, es recomendable practicar primero las técnicas de marcha y el uso de escaleras con un profesional.

En casa, conviene retirar cables sueltos, alfombras que se deslizan y objetos del suelo. Llevar una mochila pequeña puede ser más seguro que intentar transportar cosas en las manos mientras se usan las muletas. Para el baño, una silla de ducha o barras de apoyo pueden reducir el riesgo de caída si existe dificultad para mantenerse de pie.

Las muletas no deberían compartirse sin reajustarlas. Aunque dos personas tengan una estatura parecida, la posición de las manos y el apoyo de los brazos puede variar lo suficiente para causar una mala postura.

Cuándo pedir asesoramiento especializado

Hay situaciones en las que comprar por cuenta propia puede no ser suficiente. Conviene solicitar orientación si hay dolor persistente en hombros, muñecas o manos; sensación de hormigueo; caídas repetidas; dificultad para coordinar los movimientos; o una lesión que no mejora según lo esperado.

También es aconsejable recibir asesoramiento cuando se compra para una persona mayor, un niño, alguien con sobrepeso, una persona con enfermedad neurológica o un paciente que utilizará la ayuda de movilidad durante meses. En estos casos, probar el equipo, revisar el ajuste y conocer las opciones de mantenimiento aporta tranquilidad.

En EQUIMEDSV, la atención no termina al seleccionar el producto. Contar con un proveedor que conoce equipos de rehabilitación, dispone de sucursales y puede orientar sobre accesorios o sustitución de piezas ayuda a resolver necesidades reales durante el proceso de recuperación.

La muleta adecuada debe permitir caminar con una postura más segura, no obligar a soportar dolor adicional. Tómese unos minutos para ajustar la altura, comprobar las conteras y practicar el apoyo correcto: esa pequeña revisión puede hacer que cada paso sea más estable y más llevadero.

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